Las Aves que Viven Aquí
Polly explores the small fauna of the Atacama: the fog beetle that drinks from condensation, the gecko that absorbs water through its skin, the leaf-eared mouse. She thinks about why humans built an observatory in a place this hostile.
Before you read
Before you read
En la mañana del quinto día, antes de retirarse a dormir, Polly salió a buscar animales.
El Atacama, contra todo pronóstico, no era un desierto sin vida. Era un desierto con vida a cuentagotas. Casi todo lo que habitaba allí existía en el límite absoluto de lo que la biología permite. El ciclo de la supervivencia funcionaba con presupuestos mínimos y sin margen para el desperdicio.
La primera criatura que encontró Polly fue un pequeño escarabajo negro sobre una piedra cerca de la entrada de la residencia. Su especie era Onymacris bicolor, el escarabajo de la niebla. Este insecto sobrevive trepando a las rocas durante la escasa neblina costera que aparece antes del amanecer, inclinando el cuerpo hacia adelante para que la condensación se acumule en su lomo y resbale hasta su boca. No necesita beber otra gota de agua en toda su vida. Polly lo observó durante un buen rato. En ese momento no hacía nada. La última niebla había sido tres semanas atrás.
Un poco más adelante, detrás de una roca baja, había un pequeño gecko. Phyllodactylus gerrhopygus. El gecko del desierto. Cazaba de noche y dormía bajo las piedras durante el día. Absorbía el agua del aire a través de la piel. Sus riñones eran tan eficientes que su orina era casi cristalina. Podía pasar seis meses sin beber.
Un pequeño roedor parecido a un ratón, el ratón de orejas de hoja, vivía en colonias dentro de madrigueras excavadas bajo los bordes del salar. Sobrevivía a base de semillas de pasto, condensación y el agua metabólica que liberaba al digerir las grasas.
Ni moscas. Ni pasto. Ni plantas con flores en ese tramo. Las pocas plantas que florecían en el Atacama crecían más abajo, en la costa, donde llegaba la camanchaca, o en valles profundos donde las lluvias esporádicas habían alimentado los acuíferos subterráneos.
Polly pensó en sí misma. Ella bebía agua con toda libertad cuando le apetecía. Comía frutas, semillas y algún que otro trocito de pescado que le ofrecían los humanos con una sonrisa. Era la visitante, y una visitante con recursos envidiables. El escarabajo de la niebla, en cambio, llevaba cincuenta millones de años en esto. Sus tatarabuelos —y los de sus tatarabuelos— habían sido el mismo insecto haciendo lo mismo en este mismo desierto, mucho antes de que los mamíferos fueran siquiera una idea digna de tomarse en serio.
Un buitre negro pasó por encima, muy alto. Ellos se encargaban de limpiar la carroña de la costa del Atacama. Volaban entre el desierto y las montañas costeras, vigilando el territorio. No había muchos. No hacía falta que los hubiera.
Polly regresó caminando hacia la residencia bajo el calor que ya iba en aumento. Un segundo ingeniero estaba en la entrada, hablando con un repartidor. El conductor había traído víveres desde Antofagasta: una caja de naranjas, una caja de manzanas, tres grandes bidones de agua embotellada y una bolsa pequeña de pan fresco.
Nada de eso crecía allí. Todo lo que había en la cocina de la residencia había llegado en camión desde la costa. Hasta el agua de las duchas era transportada en cisternas. La fuente natural de agua dulce superficial más cercana a Paranal estaba a más de cien kilómetros de distancia.
Polly volvió a pensar en el escarabajo de la niebla, luego en el agua embotellada, y después en el hecho de que los seres humanos hubieran decidido, a pesar de todo, que valía la pena. Que valía la pena subir ciento cincuenta mil litros de agua a la semana por una montaña para que otros humanos pudieran pasar sus noches contemplando la luz de exoplanetas a sesenta y tres años luz de distancia. Había un argumento a favor de eso que Polly no habría sabido formular con palabras. Pero intuía su forma.
Entró a dormir.
That's the story.
You just heard Polly
Want to hear what YOU sound like?
Read a line of the story out loud. Your recording stays on your device and is never uploaded.
Not bad, right? In the PollyStop app, Polly listens to exactly that and scores you right away.
Coaching, saved words, spaced repetition, and a fresh story every day.
Get PollyStop freeYour AI tutor
Now say it out loud. Talk about this story with Polly.
Polly is PollyStop's voice tutor. She talks with you about stories like this one, out loud.
Get PollyStop free.
- A new graded story every day, with audio.
- Save the words you meet and practise them later.
- Speaking practice with feedback.
- Polly, the voice tutor, is opening up to more learners.
Keep going at C1
Next stories
Keep learning in PollyStop
Listen, save words, practise